viernes, 22 de abril de 2016

REPRODUCCIÓN SIN SEXO, UNA PERSPECTIVA DESDE LA BIOLOGÍA

En el presente post, me propongo dialogar con los lectores acerca de temas candentes y particulares: el tema de la reproducción, la liberación de los procesos reproductivos convencionales y la posibilidad permanente de la reproducción sin sexo y sin conjugación de géneros.  La bióloga Aarathi Prasad en un programa de Redes del año 2012, hace una aproximación a las probabilidades de una nueva visión de este fenómeno que nos acompaña y al cual vamos ligados desde nuestro ingreso a este mundo, promocionando su libro Like a Virgen.

Una de las grandes búsquedas durante mucho tiempo, ha estado ligada al control sobre la reproducción, en muchos casos buscando soluciones a problemas de orden degenerativo, genético y estructural de mujeres y hombres, quienes queriendo procrear no lo han logrado debido a su configuración orgánica, procurando seguridades con relación a las condiciones físicas e incluso emocionales de sus descendientes.

Como plantea Aarathi Prasad, el proceso de reproducción es algo diverso y nada constante, como muchos de nosotros pensamos, la forma como la naturaleza ha configurado nuestra reproducción ha pasado a lo largo de 3.000 milones de años de la clonación de las células procariotas a un proceso mucho más complejo que se da en las células eucariotas, lo cual ha exigido desde hace unos 850 millones de años la fusión intercelular.

Esta evolución permitió la estructuración de una forma de comprendernos como hombres y mujeres desde el rol de participación en la reproducción, pero nuestro momento histórico, se enfrenta quizá a una nueva fase de la evolución, la auto-evolución, en la que gracias al nivel de inteligencia alcanzado y al control sobre la naturaleza que ello nos provee, podemos retomar la reproducción sin compartir genéticamente o haciéndolo bajo procesos controlados.

Como Aarathi Prasad lo indica, cualquiera de las posibilidades trae ventajas y desventajas, por cuanto la riqueza genética de unos no es la de otros, sin negar, que aún en formas de vida existentes la reproducción a partir de la propia carga genética es exitosa.

La visión va mucho más allá, esto supondría respuestas que no chocan con lo que hoy concebimos como bienestar y dignidad humana y abriría puertas para una nueva visión del concepto de familia, procreación y paternidad o maternidad, pero también, generaría una gran discusión con relación a temas trascendentales dentro de las percepciones que validamos actualmente, relacionadas con el afecto durante la vida intrauterina, el aseguramiento de la calidad de nutrientes para el feto, y la percepción de la mujer ya no como madre por embarazo, sino como madre por crianza, como un hecho de la cotidianidad y no de la infertilidad. 

Los capítulos 150 y 151 del programa Redes, del presentador Eduard Punset, muestran posibles respuestas y ponen como evidencia, avances en este campo de investigación.

Pensar, por ejemplo, que como humanos cambiemos nuestra observación acerca de que el afecto es afecto en cuanto a lazos de sangre, o que podemos amar a alguien que no hemos tenido del todo cercano, me refiero al vientre materno, son cambios paradigmáticos a los que nos podremos enfrentar, así como hemos enfrentado otros a lo largo de la existencia.  La prolongación de la vida en el momento actual es algo evidente, la nueva concepción de la mujer como un ser sujeto a derechos de igualdad y participación también.

De todo esto, surge un interrogante adicional para aquellos que hablan sobre el carácter antinatural de este tipo de investigaciones, ¿no es antinatural por exigencia social indicar a los adolescentes que no se reproduzcan, cuando ellos están en edad y disposición biológicas? Esta es una práctica frecuente que busca frenar la biología en aras de la validación social y la economía, pero frente a ella no ponemos un límite moral, muchos en su defensa dirían, que sí lo podríamos considerar parte de la evolución humana.

Hemos igualmente creado una visión romántica para la procreación, la gestación y el nacimiento, pero en verdad, este es un proceso azaroso que involucra niveles de riesgo bastante evidentes, fruto de que la naturaleza ha generado procesos de adaptación orgánica; ¿No deberíamos comprender la naturaleza como algo dinámico, en vez de, comprenderla como algo creado y sagrado que no es cambiante?

El que nuestra inteligencia cambie el mundo, no debería ser visto como artificial. La necesidad cultural de confirmar como creyentes el poder creador de un dios específico, muchas veces limita la observación de éste dinamismo de la naturaleza, y rebaja el valor de la producción de la inteligencia indicando que esta es artificiosa y no connatural.

El cambio social y la prolongación de la vida modifican nuestra existencia y redimensionan nuestra interacción y responsabilidad social.  Muy seguramente, más allá del acuerdo o el desacuerdo, la noción de familia se seguirá reconfigurando a diario: las líneas diferenciadoras de género tenderán a replantearse, la procreación exigirá un análisis de cualificación genética y la división de roles se hará mucho más flexible.

Es de aclarar, que, aunque muchos de estos cambios se vislumbran, muchos de ellos los observamos ahora.